Adiós
Posted by kaputt on April 9th, 2007 filed in NaturaliaComment now »
Llegó el día de decir adiós. No sería agradable para nadie adoptar el tono solemne de los velorios. Después de todo la risa es traicionera y aflora aunque no se la haya citado. Eso, nada más. Fue hermoso mientras duró. De todos y a todos, muchas gracias. Sean felices.
Truenos
Posted by Jorge Mayer on April 3rd, 2007 filed in ArtificialiaComment now »
De a ratos (no te rías) los truenos se arremolinan y yo arrellanado en mi sillón me arrebato. Pienso en el trabajo y en los atrasos que traigo conmigo cada vez que traspongo esa puerta que estoy a punto de odiar. Pero si el odio se mezclara con los truenos, el ruido no regaría el campo y recuerdo que no hay peor pecado que cortar la dulce penumbra con un relámpago tajo de la noche y ni siquiera. Roto no es igual que descosido. Lo tétrico sólo a veces es patético. Revancha no es el nombre que le pondría a mi vida pero de a ratos no estoy tan seguro. Sí, muchachita. Somos presas de un dios un poco vago, que gusta de hacer su trabajo por la mitad. Entonces a poco de andar el camino uno cae en la cuenta de que ya tiene una historia de la cual no es autor sino protagonista y sin comerla ni beberla. No es extraño que las pesadillas tomen por asalto al sueño y miremos en dos dimensiones las faltas que hemos cometido o los castigos que nos esperan. Nada de eso. Este dios atorrante ha sido copiado al mal escritor que decía glosar las páginas de un enorme libro inexistente, fingiendo con todas sus fuerzas que existía. Así nuestro dios nos ha convencido de que venimos de otra vida en la que hemos sido traidores y para nuestros adentros sentimos culpa y queremos tener memoria de algo que otros dicen pero nosotros nunca hemos visto. Tu pena y la mía escriben con lágrimas las páginas del libro imaginario. Es buena hora de matar a ese dios. Y ya tengo la coartada. Un día de estos que han pasado, un amigo mío un poco fascista, me decía que es buen tiempo de que le pongamos orden a este país, que esto y que lo otro. Bah. Cosas escuchadas hasta el cansancio. Yo me río un poco de él. Como están las cosas, ser facho es una excentricidad que sólo se permiten algunos transgresores. Hablo de los que pueden elegir, claro; hay otros que lo tienen enraizado en la médula espinal y extirpar ese cáncer es algo más complicado. Unas semanas antes, este mismo amigo, me explicaba un mecanismo excelente para evadir mis deudas actuales y por venir con el fisco. Es cosa seria. Todos queremos empezar un día con la legalidad. Pero si es posible el lunes y que sea otro el primero de la fila.
Ritmo
Posted by Paula Pampín on March 31st, 2007 filed in NaturaliaComment now »
Un, dos, tres… cinco, seis, siete… Son ocho tiempos, hay que recordarlo. O seis tiempos y dos ausencias o silencios. No es que de repente hayan olvidado cómo contar. Un, dos, tres… cinco, seis, siete… Sólo eso hace falta. Después fluye. Fluye siempre y cuando la mujer se deje. El hombre domina. El hombre guía. El hombre llama. La mujer se deja. La mujer sigue. La mujer responde. Un, dos, tres… cinco, seis, siete… El hombre marca el paso. Su pie izquierdo es el que sale y es el derecho de la mujer el que responde. La mujer será su espejo, lo reflejará. Como la luna, sólo reflejará la luz del sol. Un, dos, tres… cinco, seis, siete… Pero el hombre deberá ser lo suficientemente generoso como para hacer lucir a la mujer. No todos estamos preparados para eso. Para saber dominar y dejar lucir. Para ser dominadas y lucirse cuando el otro lo decida. Un, dos, tres… cinco, seis, siete… Coloca su mano izquierda en su espalda. Marca territorio en el mismo centro de su espalda. Cuatro dedos firmes, que no dudan y el pulgar hacia arriba. La mano derecha llama. Una simple presión o pequeño tirón hará que ella se menee. Pero hay que dejarse. Indispensable, dejarse. Ella nunca lo logrará. Deberá dedicarse a otros ritmos. Un, dos, tres… cinco, seis, siete… Ellos, sí. Ahí hay un macho que no permitirá que su hembra se le escape. La lleva contra sí y le quiebra sus caderas provocando un movimiento tan sensual como premeditado. Un, dos, tres… cinco, seis, siete… El cuerpo deberá ser tres cuerpos. Los brazos serán un cuerpo, la cadera otro y las piernas el restante. Tres cuerpos que serán seis cuerpos. Seis cuerpos que serán un cuerpo. Un, dos, tres… cinco, seis, siete… Se sueltan y ella brilla, shine, shine, shine, shine… Toda la luz se concentra allí. Pero cuando brilla toma los pasos del hombre, emulando es el único modo de lograrlo. Es su izquierda la que marca el comienzo. Hasta que el eclipse se produce y el astro opaca. Un, dos, tres… cinco, seis, siete… Su mano izquierda apenas roza su cintura, la derecha la sostiene en un giro interminable. La detiene y todo vuelve a empezar. Un, dos, tres… cinco, seis, siete… El secreto es uno solo: la mujer deberá dejarse. Uf. Sí, hay que aprender. Hay que ceder. Un rato al menos, hay que dejarse.
Escrito en la página de una nouvelle de Henry James
Posted by Miguel P. Soler on March 30th, 2007 filed in NaturaliaComment now »
Me vence la tentación de escribir en este margen marqués: desde su color ambarino a esta transfiguración de lector, sentado cómodamente a la espera de un tren. El día es frío y claro como un espejo de agua. Los sonidos de la calle bordean la comisura de mi espacio de evasión. Responde al vacío mi vida, respira contigua a lo escrito: el embrujo de un atributo de la invisibilidad, el carácter, los rasgos se acentúan en un idioma completo y distinto.
Este escrito, aspira a introducirse (mimético, intruso y ladrón) en el círculo de la Literatura. Este diseño de tapices, como tentativas de trazar nuestra vida, como se escribe en el agua, a veces… Un chapoteo en la laguna. Una piedra, cuyo eco al quebrar la superficie oleosa del líquido, se expande con la velocidad de las ondas y de las alondras. El vuelo de un ave. El deambular de mis pupilas de gorrión, picoteando los fragmentos de casas, árboles y personas. El corazón tijera, moviendo las líneas de su escritura muscular. El ansiar ridículo de improntarse en la vida, con el sello de un acuerdo con las mujeres y con Dios.
Elogio
Posted by Daniela Gutiérrez on March 29th, 2007 filed in ArtificialiaComment now »
Derivación de la noche y sus enigmas, símbolo extremo de maldad, elegancia o misterio, el color negro ha pasado por la historia con su doble cualidad de confundirse o destacarse según la hora o el destino. Aunque los ópticos aseguran que ningún otro color atrae tanta luz, el negro suele ser emblema de las sombras ilegales. ¿Qué país lo lleva en su bandera?¿ qué escudo de armas se ampara en esa tinta?. Sólo los piratas se atrevieron a alzar la insignia negra.
En tiempos más recientes, la mafia declaró sus oscuras intenciones con el grupo de La Mano Negra, los alienígenas llegaron a las películas ataviados con corbatas negras para abducir a estrellas terrícolas, y Hugh Hefner, dueño de Playboy y gurú del placer como negocio, desafió las disposiciones de la aviación civil: su jet sería negro o no sería. Recuerdo también que ese era el mito acerca del avión en que regresaría Perón.
No hay coloración más eficaz para la peste, lo oculto o la amenaza. En francés, el enemigo a ultranza es una bestia negra, y en alemán, viajar de negro equivale a viajar de polizón. Sin embargo, en determinadas circunstancias, el negro es el non plus ultra del refinamiento. El caviar, signo de la opulenta gastronomía, remata los canapés de faisán con su perlada negritud.
¿Y qué sería de las sofisticadas vampiresas y de la etiqueta masculina sin las prendas oscuras?. En las novelas del siglo XIX las viudas seductoras prefieren sombreros color ala de cuervo, y el único traje hecho para fumar con distinción, el esmoquin, suele ser negro, aunque los reyes del mambo, los astros del billar y los fiolos puedan preferirlos bordó, celeste y hasta blanco.
Hay objetos que sólo se imaginan en negro: la bola 8 del billar, las valijas diplomáticas, y la trágica caja donde se graban las últimas palabras del piloto (ni siquiera el hecho, absurdo, y meramente real, de que sea color naranja, permite que se le cambie el nombre).
Otras cosas mejoran al ser excepcionalmente negras: el tulipán o el diamante. Una tercera categoría es la de los objetos que fueron negros hasta que llegaron las estrellas. Los pianos y las limusinas antes de Liberace o Elton John, y los teléfonos antes de las divas de Hollywood afectas a los aparatos blancos.
Hay profesiones que exigen el negro. Durante décadas, los árbitros de fútbol llevaron un atuendo que simbolizaba la tenebrosa justicia que impartían en la cancha. Los mariachis, los sacerdotes, los deshollinadores y los posmodernos merecen también el hábito negro. En cambio, hay animales que inquietan cuando llegan con el color sin luz. Nadie se extraña de que los cuervos o las moscas vuelen de negro pero los gatos negros son fatales (a no ser que una sea alquimista o hechicera) y los caballos negros corren siempre de modo inesperado. Pero sobre todo, nunca olvido que el negro adelgaza.
Un caso de alucinación subjetiva
Posted by Guillermo Piro on March 28th, 2007 filed in ArtificialiaComment now »
Cierto Sr. A. había perdido el ojo izquierdo de resultas de una operación a que fue sometido como consecuencia de un glaucoma, y la visión de su ojo derecho era defectuosa a causa de una especie de nube que oscurecía la zona media de su campo visual. Aparte de esto, el Sr. A. era una persona completamente normal.
En abril de 1982, mientras paseaba por un camino campestre, el Sr. A. vio a su izquierda una pared nueva que brillaba iluminada por el sol, y hasta la vio perfectamente, con gran asombro de su parte. Podía distinguir cada una de las piedras y las junturas de argamasa que las enmarcaban, las superficies lisas de los cantos rodados pulidos por la acción del agua y la contextura de las piedras que, a fin de formar caras planas, habían sido quebradas. En particular le llamó la atención la frecuencia con que el constructor había recurrido a las piedras de granito, en las que podía distinguir con toda claridad la hornablenda, el feldespato, la mica y el cuarzo. Se detuvo a pensar que jamás había sido capaz de distinguir tan minuciosamente una pared al pasar junto a ella.
Alrededor de un año más tarde pudo ver, tan claramente como jamás le había sido dado antes, la figura de una mujer que caminaba delante, y tan cerca de él, que debía cuidarse para no pisar su largo vestido. El vestido era de tela roja, con franjas de color blanco (una franja ancha, con dos líneas muy tenues a ambos lados) que se cruzaban entre sí a intervalos frecuentes, como en un tartán. El Sr. A. advirtió que la figura era una alucinación sólo cuando el compañero que paseaba con él le dijo que allí no había nadie. Al cruzar hacia la vereda sombreada de la calle el Sr. A. siguió viendo la figura. Estas alucinaciones parecían ocupar el campo visual de su ojo izquierdo, que era el que había perdido.
Partiendo de la base que las alucinaciones son representaciones de ideas, es natural preguntar qué idea está detrás de las producciones escénicas del Sr. A. Lo primero que llama la atención es que sus visiones eran fortuitas y carentes de significado o finalidad. Parecen haber tenido como objetivo principal la representación de aspectos y colores vívidos. Posiblemente algún aspecto de la personalidad del Sr. A. trataba de completar o compensar las deficiencias de su visión normal.